BFI London Film Festival 2020
My Time to Shine
Èrika Sánchez Marcos

Panteres

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Joana y Nina, dos chicas de 13 años, viven en Barcelona atrapadas en las contradicciones de la pubertad femenina en el primer mundo.  Ambas son mujeres de su tiempo y condición: redes sociales, inmediatez y excesos. Hoy, Joana ha decidido idear un juego en el que involucrará a su amiga Nina. Un día decisivo en la pubertad que provocará que algo en cada uno de ellas cambie para siempre.

Hola Èrika, gracias por hablar con TNC, ¿cómo estás pasando estos tiempos tan extraños?

Estoy en un estado de plenitud sostenida, y lo digo sin culpabilidad. Creo que este momento que vivimos es idóneo para situarnos en un lugar de libertad de acción y pensamiento, de ensayo y error. Un lugar desde donde nos permitamos construir nuevas realidades forjadas a partir de la experiencia, la observación y la imaginación. No me ha tocado vivir de cerca la parte más cruda de la pandemia, ni muertes ni enfermedad en familiares y amigos, pero sí que estoy estrechamente vinculada con la cotidianidad de maestros/as, sanitarios/as y personas que se enfrentan a condiciones tan adversas producidas por esta situación. Los admiro, escucho y aprendo de ells para ver cómo puedo ser útil. Es el momento de un cambio colectivo profundo, pero para ello tenemos que ser valientes.

¿Te ha ofrecido este tiempo nueva inspiración creativa?

Muchísima. En España, de marzo a junio estuvimos confinados en casa, en el resto del mundo la vida acelerada se detuvo. Llegaban pocos correos, se anulaban Festivales de cine y por lo tanto no viajaba, las reuniones eran escasas y todas por videoconferencia. Tuve que posponer un rodaje y re planificarme la vida. Hice un listado de prioridades, una ruta a seguir. Y de repente se abrió un instante de un no tiempo donde la creatividad fluía. Entré en un estado de ensoñación del que aún no he salido y del que espero no despertar jamás. No se trata de un estado de aislamiento, al contrario, lo vivo como un momento de expansión que me permite conectar con más consciencia a estos tiempos extraños que vivimos. Sin disimulos. Es paradójico, pero es así.

Estoy escribiendo y avanzando en dos proyectos en los que hace tiempo que trabajo: Dietari Final y The Quiet Women, en ambos la muerte es protagonista, así que siento que estoy haciendo lo que tengo que hacer. De una manera u otra, son obras que pertenecen al momento presente. 

Felicidades por haber sido seleccionada con Panteres para el BFI London Film Festival de este año, ¿qué significa para ti que Panteres forme parte de una lista tan increíble de cortometrajes?

Muchas gracias. ¡Estoy feliz, orgullosa y muy agradecida! Panteres, me repito siempre,  es una obra que nace de las entrañas y de la madurez profesional después de años en el mundo del cine. Fue sencillo y bello comenzar a escribir la historia, llevar a cabo la producción, el trabajo con las actrices, el rodaje y la posproducción. Desde el inicio sentí que sería una obra clave para mi carrera, así ha sido y será impulso para otras obras. Estar hoy en el BFI London Film Festival es un regalo que recibo con los brazos abiertos, es una señal en el camino que me indica que mi manera de narrar y las cuestiones que me interpelan descaradamente, conectan con un sector de público bastante heterogéneo. Y creo que esto sucede porque mis historias no se pueden sustraer de este tiempo, no me pertenecen. 

Panteres fue nominado tanto para el Oso de Cristal en la Generación 14plus como para el Premio Teddy al Mejor Cortometraje, ¿imaginabas que tu película sería tan bien recibida por el público?

Honestamente, no. Creo que lo que sucede con Panteres tiene más que ver con su naturaleza que es muy próxima a la mía. Panteres cuestiona, pone foco en lugares incómodos y es provocadora. Entres o no entres en la propuesta sientes la necesidad de juzgarla. Aquellas obras donde prima la tesis dejan poco espacio para la rebelión, en cambio Panteres te propone que te rebeles aunque sea contra ella misma.

"Hacer cine de no ficción te permite navegar por la experimentación formal y narrativa sin complejos." 

¿Cuánto te ha ayudado tu experiencia como documentalista en la realización de Panteres?

Ha sido fundamental. Hacer cine de no ficción te permite navegar por la experimentación formal y narrativa sin complejos. Te forja una mirada hacia la realidad atenta, compasiva, contradictoria, curiosa desde la ignorancia. En definitiva, una mirada rica en matices. Te dota de una experiencia muy valiosa a la hora de trabajar con los elementos, sean objetos o sujetos, que se despliegan, en ocasiones, inesperadamente, ante la cámara. La experiencia de documentalista te entrena para distinguir entre lo auténtico y lo artificioso. Y no son tiempos de simulacros, sí de ciencia ficción.

¿Puedes contarme un poco sobre Panteres, cuál fue la inspiración detrás de tu guión?

Me inspiraron estas cuatro palabras; ventilador, pantera, támpax y vestuario. Escribí estas palabras a propósito de una técnica propuesta por mi coach. Fue a raíz de una sesión con ella donde le expliqué que tenía la sensación de que mi mente estaba sufriendo algún tipo de transformación estructural, sentía como si la mente se expandiera y aquello daba lugar a una inmediatez de interconexión entre conceptos que era incapaz de asimilar. Me propuso que hiciera un listado con 4 palabras y a partir de ahí escribiera una historia. Tomé el papel y estas palabras emergieron sin previsión alguna. De la conexión entre ellas surgió la pregunta: ¿Qué significa ser mujer? Y así apareció Panteres. 

Ésta es una pregunta que hace años que me formulo, a raíz de que con 12 años me diagnosticaran anorexia nerviosa. Sentí que ahora era el momento de explorarla partiendo del cuestionamiento del sistema binario de género.

Cuando estás escribiendo un guión, ¿alguna vez te inspiras en experiencias o en personas que has conocido?

Siempre, pero no me quedo en el retrato. Dialogo con las experiencias o las personas para crear algo nuevo. Me lo tomo como un juego. Parto de una hipótesis, busco el diálogo entre experiencias, personas, conceptos, medito en la imaginación y me conecto con mi parte más primitiva que lleva implícita la provocación. 

¿Permites cambios en lo que has escrito o prefieres ceñirte a lo que se ha escrito? 

No sé trabajar desde lo hermético y preestablecido, mis proyectos están en constante transformación, son porosos. Precisamente como vengo del documental estoy acostumbrada a trabajar intensamente durante la preparación, fase en la que voy reescribiendo y entendiendo lo que tengo entre manos. Aún así, tengo unos mínimos diáfanos desde el inicio que tienen que ver con: de qué quiero hablar y desde qué prisma, así como los objetos y sujetos que participarán en la historia. Pocas veces los cambio. Son anclajes que me permiten estar tranquila para experimentar y dejarme llevar por las sorpresas que aparecen durante el proceso de preparación, el rodaje y el montaje. Para mí sólo existe un documento de hierro al que debo ser fiel: la memoria. En la memoria escribo sobre los conceptos que quiero tratar en la obra, sobre cómo narrar la historia, en el tono y el estilo, y el tratamiento visual. Intento que sea un documento visual y claro para que sirva a todo el equipo como base sobre el universo de la obra. En cambio, el guión es una hoja de ruta, imprescindible para fijar una mínima dramaturgia, pero un sendero arenoso.

También produjiste Panteres, ¿cómo equilibras todos estos roles creativos en un cortometraje como este y no te vuelves loca?

¡Quién te ha dicho que no me vuelvo loca! Aún me estoy reponiendo.

Ahora en serio: me siento una privilegiada. Exploto mi capacidad para moverme en mi red de ideas, y esto me obliga a sacar provecho de algo que, a priori, puede parecer agotador como llegar a un equilibrio entre distintos roles. Intento elevar toda la información de cada uno de estos roles al conjunto del proyecto y, normalmente, siempre suma. A menudo, no siempre lo consigo, me rodeo de un equipo de lujo: íntegro, fiel y conectado con el proyecto, así que algunas de las tareas de producción las puedo delegar sin preocuparme.

Producir Panteres ha sido una de las locuras más mágicas de mi vida. 

¿De dónde vino tu pasión por el cine y cómo ha cambiado mucho tu estilo / enfoque de tus películas desde tu debut?

De una forma u otra siempre he estado conectada al cine. En mi casa se veía y se hablaba de cine a menudo. A los 10 o 12 años vi por primera vez Salò o le 120 giornate di Sodoma de Pasolini y me marcó. A los 18 años hice un trabajo de investigación sobre el cine de Luís García Berlanga y escribí mi primer cortometraje: Chocolate para todos, mientras en paralelo rodaba con un amigo del instituto un cortometraje inspirado en The Matrix. Entonces aún no sabía que quería ser directora de cine. Estudié audiovisuales y eso me permitió entrar en el mundo de los rodajes, primero como meritoria de producción y luego como script supervisor. Yo era como esos personajes secundarios de novela, que devienen a lo largo de la historia en personajes protagonistas por su fuerza e ímpetu. Fue cuando me propusieron dirigir un retrato del activista y economista Arcadi Oliveres que culminó en la película documental Mai és tan fosc, cuando comencé a percibir que, tal vez, podía pensar en ser directora de cine. Y desde entonces he ido modulando mi forma de narrar. Comencé con el puro retrato, el documental más observacional, con un montaje simbólico. Este método me permitió experimentar mucho con el lenguaje cinematográfico desde el montaje.

A partir de entonces alteré el documental más observacional con elementos de situación próximos al cinema verité. Y en Panteres he dado un paso más. Siento que he llegado a un estado de creación donde debo permanecer durante un tiempo indefinido porque es muy potente y más costoso, intelectual y económicamente, con relación a lo que he hecho hasta ahora. Mi lema es que el cine sea un faro de posibles imposibles. 

¿Qué importancia tiene para los cineastas traspasar los límites de las películas y las historias que quieren contar?

 

¿Quieres decir que si no existe ese traspasar, estamos hablando de cine? Creo que es consustancial al cine trascender, ir más allá de esos límites convencionales. Similar a lo que consigue la música que, aparentemente, es sólo sonido.

¿Qué importancia tiene para los cineastas traspasar los límites de las películas y las historias que quieren contar?

¿Quieres decir que si no existe ese traspasar, estamos hablando de cine? Creo que es consustancial al cine trascender, ir más allá de esos límites convencionales. Similar a lo que consigue la música que, aparentemente, es sólo sonido.

Esto es algo muy personal. Yo hago cine porque es el arte que me permite responderme mejor a los interrogantes sobre la vida. Mediante el lenguaje cinematográfico soy capaz de crear vida, por lo que tengo la responsabilidad de que todo aquello que haga me traspase, tanto a mí como a la obra. No puedo crear desde otro lugar. 

¿Algún consejo que le darías a un colega cineasta?

Uff, ¿qué puedo decirles cuando yo estoy en esa tesitura? Medito durante horas para responderme a la pregunta: ¿por qué hago cine? E intento encontrar el equilibrio entre poder vivir económicamente del cine y sentir que estoy en sintonía con ese propósito. 

Y finalmente, ¿qué esperas que la audiencia aprenda de Panteres? 

No espero que aprenda nada. Sólo espero que exprese lo que sienta que debe expresar, pero que lo exprese con la mayor honestidad posible. Si la película despierta en la audiencia un juicio, que éste le sirva para cuestionarse qué hay detrás de ese análisis, que desenmascare esa motivación. Intento decir que estamos llenos de prejuicios y que nos agarramos a ellos sin entrar en los orígenes de esas ideas. Si esto ocurre en el público, para mí es un éxito.

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